Este Maratón de Panamá 2010 me sacó su tributo en carne. Estaba cansando del Ironman de Cozumel que hice el fin de semana anterior. Sabía que me iba a costar, pero no pensaba que me iba a costar tanto. Los primeros 10 fueron fáciles, me fui entre 5:30 y 6:00 minutos el kilómetro, un paso "suave" para llegar en 4 horas. Ya llegando a los 10kms comenzaba a pensar que me iba a costar mantener el paso.
Había estado corriendo a un nivel aeróbico muy, muy cómodo, respirando con facilidad. Pero ya el corazón comenzaba a subirse con facilidad. Y sentía que mis pantorrillas estaban tiernas, como si me pudiese hacer un daño fácilmente si hacía un movimiento violento, como un acelerón. Ya el ritmo de 6:00 minutos comenzó a sentirse forzado cuando estaba a 15kms, corriendo por el puente del Corredor Sur. Pasé la mitad del maratón en 2:10, y ya sabía que iba a estar difícil llegar en 5 horas.
Margaret y Patrick me habían dejado atrás, al igual que Iris, Popo, Víctor, Tito, y otro pocotón. Ya parecía que estaba corriendo hacia atrás. Por suerte pasé frente a Multiplaza justo a tiempo para ver al Keniano llegar triunfador a la meta. El sol ya estaba comenzando a calentar, y era obvio que para cuando estuviese en la cinta costera, de regreso, iba a correr a través de un horno abrasador. Llegando al final de la cinta costera me pasó Daniel Alveo Young, pero logré mantenerlo a la vista. Cuando paré por una esponja fría, frente al Mercado de Mariscos, vi que Daniel estaba caminando la subida del viaducto a la 4 de julio. Apreté un poquito para alcanzarlo y acompañarlo, mientras pudiera hacerlo.
En el viaducto vi a Fishy Alfaro y Gae Goldoni, que ya venían de regreso. Creo que Fishy fue el único otro corredor del Ironman de Cozumel que se metió a este maratón. No parecía que Fishy compartía mi miseria, para nada. En ese momento me llevaba unos 1o kilómetros, aproximadamente. Nosotros caminamos todo el viaducto, y volvimos a correr toda la 4 de julio hasta la Calzada de Amador. Cuando llegamos al retorno frente a Flags, unos 32 kilómetros según mi GPS, calculé que si volvía a correr podríamos llegar en 5 horas.
El plan salió a duras penas: llegué en 4:58:46, en las justas. Pero esos últimos 10 kilómetros los sufrí mucho. Estaba ya muy caliente, y el sol me tenía cocinado. Por suerte podía correr como pingüino a cerca de 8:00 minutos el kilómetro. Me fui caminando y corriendo con el ojo puesto en el reloj, tentado a caminar, pero alentado por llegar en menos de 5 horas. Me decía mientras corría que este era buen entrenamiento para un ultra, pero eso no me motivaba mucho. ¡Lo que más me alentó fue pensar que cada paso me acercaba más a una cerveza muy fría!