Ese es el paso que me va a llevar a la meta: 8:15 por kilómetro. Si logro mantenerme en movimiento a 8:15 por kilómetro, por 22 horas, puedo terminar el Javelina Jundred en menos de 24 horas, incluyendo los descansos. La respuesta a esa posibilidad solamente me la va a dar la práctica. No tengo idea como voy a estar después de 100 kilómetros.
Los primeros 80 kilómetros solamente son para acercarme a la meta, los próximos 20 son para ganarme una medalla para los flojos, y los próximos 60 kilómetros son los que me separan del objetivo: terminar. No estoy suficientemente preparado para este reto, desafortunadamente. Ahora la meta sí está lejos...
En American River iba a correr un maratón y luego ver cómo llegaba a la meta. Ahora voy a ver cómo cubro un American River, y luego lo vuelvo a repetir. Lo digo y no lo creo, eso es muy lejos, en auto. Es como salir de mi casa, ir a Gorgona corriendo, tomarme una cerveza con mi cuñado y regresar corriendo a la casa, en Panamá. No lo hago en auto, y ahora pretendo hacerlo corriendo. Me patinó la chocolatera, definitivamente.
Todavía estoy a tiempo para cancelar mi boleto de avión y usarlo para algo mejor, una vacación decente, ir a un lugar relajado, con una piscina, al lado del mar, y tomar piñas coladas, margaritas, cheladas, y comer tapas. ¡Qué lío! ¿Quién me mandó? Nadie me obligó, lo he hecho por voluntad propia. ¡Qué bárbaro! Debe haber sido el estrés, seguro. No hay otra explicación.
Voy a pasarme todo el día como el coyote: correteando al correcaminos. En esta ocasión voy a estar en términos amistosos con el correcaminos Luis Carlos Stoute. Si me logro mantener entero y no suelto la cuerda con la que voy a tener atado, puede que termine. Si al caer la noche sigo a su lado, podremos contar con el apoyo de Margaret Von Sanger, quien nos hará de coneja. Y en cada vuelta tengo a Lorena Riba, mi cosita (también es mi esposa), esperando en el cuartel central para darnos apoyo moral y espiritual. No está tan mal la cosa.