Un Taller de Aventuras

Río Chame

Ayer remé el Río Chame junto con Javier Ferliu y Rodrigo Barsallo, ambos primerizos en kayaks de aguas blancas. Por suerte el río tenía un buen nivel de agua y no fue necesario caminar ninguna sección. Le presté mi Jackson Hero a Rodrigo para que no tuviese problemas con un kayak como el Big EZ que había llevado Javier, un kayak de bajo volumen que no es muy apropiado para tener una buena experiencia en la primera remada de aguas blancas por su bajo volumen. Hacía tiempo que no remaba un kayak que no fuera un Jackson y pasé mucho tiempo incómodo dentro del kayak sin poder hacer los pequeños ajustes que permite un Jackson hacer dentro del bote, sentado y en posición de remo.

Rod y Javier la pasaron muy bien y estoy seguro que pronto estarán acompañándonos en otras remadas más exigentes. Espero poder llevarlos a través de la progresión del aprendizaje de remo en aguas blancas sin asustarlos muy temprano. He cometido ese error anteriormente, perdiendo potenciales compañeros de aventura por meterlos en aguas que estaban por encima de su nivel. A veces es difícil mantener la perspectiva de lo intimidante que puede ser el río, aún cuando piense que no hay ningún peligro, no todos van a verlo igual que yo.

Javier, manejando el Wavesport Godzilla que compró recientemente, se pasó luchando por lograr que el bote fuese en linea recta. La progresión del kayak lo tenía enredado y cada tantas paladas quedaba metido en un giro que no deseaba. Al final de la remada Javier cambió a remar el BigEZ que yo estaba remando. El BigEZ, que no tiene nada de Big, fue más fácil de controlar para Javier el Godzilla, pero también le dio guerra cuando procuraba remar en línea recta. ¡Que inmenso se sentía el Godzilla! Y recuerdo cuando el Godzilla era un bote pequeño en comparación con el Perception ARC que yo remaba.

Rod remó el Jackson Hero mío y la pasó muy bien, admirado de cómo el bote lo sacaba de apuro cuando la cosa se ponía difícil. Aún así, Rod nadó varias veces, al igual que Javier. Por suerte ambos salieron completamente ilesos del río, y lo peor que pasó fue que Javier se enterró una espina en el pié cuando camino por la orilla, fuera del kayak que había perdido cuando se volteó en medio de un rápido.

Remamos desde Bajo del Río hasta Cabuya. Nos tomó cuatro horas hacer el recorrido completo. Las últimas veces que había remado el Chame he salido por la finca de Gerardo Solis, acortando la remada en una hora. Como el río tenía buen volumen de agua, la última hora estuvo divertida, más de lo que hubiese estado si el nivel del río fuera menor. El Chame tiene unos árboles espectaculares, y unas galerías muy atractivas que me hacen sentir como si estuviese remando dentro de una catedral viva. Solo faltaban los Jacarandá floreados para coronar el día con color.

Sabíamos que estábamos llegando a Cabuya por que podíamos escuchar la música que retumbaba en el balneario. El plan era que llamaríamos a Naroa, la esposa de Rod, cuando llegáramos al balneario para que nos viniese a recoger. Llegamos con sed a la orilla y el ingenioso de Rod le hizo una buena oferta a un grupo que tenía una hielera llena de cervezas: ¡pinta x dólar! Todos quedamos contentos con cerveza helada para amenizar la espera, que fue poca. Otro buen día en el agua.

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