Un Taller de Aventuras

Mochilas

Hace unos momentos estaba pensando sobre mochilas y su evolución. Pronto quedé pensando solamente en las mochilas. Y luego pase a hacer una recolección de mis mochilas, las que tengo aún, y las que he usado a través de muchos años. Esto comenzó en parte por que recordé unas imágenes que estaba viendo en mi computadora, entre las cuales tenía unas fotos viajes de caminatas de hace muchos años. Una de esta era una foto de nuestra caminata de Panamá a El Valle de Antón en 1976. Recuerdo muy bien la mochila que usé en esa caminata de hace más de 30 años, 33 años para ser precisos.

Esa mochila, una Kelty de marco externo, la usé por muchos años y me acompaño en unas aventuras épicas. La más grande fue una caminata de 21 días cruzando Darién desde el Caribe hasta Santa Fe de Darién. Bajamos por el Río Subcutí, el cual recuerdo como si fuera ayer. La mochila me sirvió muy bien, pero el marco molestaba cuando se enredaba con la vegetación de la selva. Pero era cómodo cargar ese marco en la espalda. Luego me llevé esa mochila en una caminata de 7 días por el Cañón del Colorado, por la plataforma de Tonto. Ese viaje lo caminé sólo, íngrimo. Y luego tuve muchos viajes más con esa mochila. Pero justo después del viaje del Colorado compré una mochila de marco interno que aún conservo.

Esa segunda mochila también me acompañó en muchos viajes, incluyendo una caminata desde El Valle hasta la Boca de Río Indio, en 1984. Ibamos Juan Antonio de la Guardia y mi hermano Rogelio en esa caminata que nos tomó 5 días. Terminamos presos en Colón al fina de la caminata. Ese es un buen cuento… Pero además de ese viaje me acompañó en muchos viajes de selva. Era una gran diferencia usar esa mochila en la selva, comparada contra la Kelty que se trababa con todas las lianas en el camino. Esa mochila celeste era cómoda, liviana, y fácil de empacar. Era una precursora de las mochilas ultra-livianas. Pero tenía una cremayera inmensa que daba fácil acceso a todo el contenido de la mochila. Esto la hacía muy dada a permitir que todo se mojara con facilidad. Tampoco amarraba muy bien la carga que llevaba, que tendía desparramarse dentro de la mochila.

A esa mochila la seguí con una Mountainsmith Frostfire, una gran mochila que aún conservó (al igual que la anterior). La Mountainsmith era una mochila galardoneada en su tiempo. Era robusta, cómoda y estable – una bestia de carga que aguantaba lo que le metiera. Yo fui el que eventualmente reventó con tanto peso. Después de muchos excelentes viajes, incluyendo dos cruces adicionales de Darién (por el Río Tacartí y Membrillo), un tremendo viaje por El Real, Rancho Frío, Boca de Cupe, Cruce de Mono y Cana, también en Darién. Con esa mochila conocí a mi esposa. De hecho estrené esa mochila en el viaje donde la conocí (nuevamente) caminando desde Boca de Río Indio hasta el Valle, 4 días. Esa mochila la pedi en REI en 1991. Lo recuerdo por el número de REI que aún tengo 1991872. Supongo que yo era el miembro 872 de 1991. Esa mochila me ha llevado hasta Aconcagua.

Luego, en Las Vegas, compre una mochila compacta y liviana, una Ultimate Direction que nunca usé mucho. La mochila recorrió mucho camino, solamente que no sobre mi espalda. Al igual que todas mis otras mochilas, siempre la prestaba a los que me acompañaban en caminatas pero que no tenían equipo propio. Ya no suelo prestar mucho mi equipo ya que he perdido muchas cosas de esa manera, incluyendo una mochila militar ALICE II (All-Purpose Light Carrying Equipment era su nombre completo para el ejercito americano) que ya no tengo. Pero no extraño esa mochila para nada. Era pesada e incómoda, pero también era mía. Y también tengo fotos de esa mochila, y de quien aún la debe tener.

Eventualmente vino el Eco-Challenge de Fiji y los requisitos de las carreras de aventuras me abrieron la mente a un estilo ultraliviano. Había que empacar lo menos posible para poder moverse rápido en la carrera. Dos mochilas sirvieron ese propósito: una Dana Designs Racer-X y una Golite Speed. Las dos son excelente mochilas por su minimalismo y poco peso. La Golite resultó ser poco resistente por que su material muy liviano también era poco resistente a la abrasión. La Racer-X salió más longeva y la he usado en varios Retos del Indio. Me encanta su versatilidad. Es un marco pequeño al que se le coloca una bolsa impermeable del tamaño necesario para la aventura del día, del fin de semana, o del mes. Una excelente mochila que uso con frecuencia. Pero la heredera de mi actual devoción es la Golite que actualmente uso.

El año ante-pasado me compré una Golite Jam2, de la que ya he escrito anteriormente. Esta mochila pesa solamente 22 onzas y me permite cargar los que necesito para grandes aventuras. Y ahora que casi he reemplazado todo mi equipo de acampar por versiones minimalistas y livianas, camino con la mitad, o menos, del peso que antes solía cargar. Como llevo menos peso, ahora puedo recorrer el doble de lo que antes recorría y hacerlo cómodamente. Ahora no pienso nada en recortar viajes de 4 días a 2 días, o menos. Y no es que me tenga que matar para recorrer más distancia. Con poco peso en la espalda se hace fácil recorrer 30% más de distancia con mucho menos esfuerzo que antes. Como ahora uso zapatillas en vez de botas, me puedo mover con rapidez y comodidad. 

Con la excepción de la Kelty y la Alice, tengo todas las mochilas que he mencionado en este escrito: la Backcountry, la Mountainsmith, la Ultimate Direction, la Golite Speed, La Racer-X y la Golite Jam2. 6 mochilas que guardan muchos recuerdos compartidos con buenos amigos por muchos senderos y a través de muchos años.

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